Es la frase que más se repite en consulta entre octubre y marzo. Y la respuesta suele tranquilizar: la mayoría de esos niños no tienen las defensas bajas. Tienen la agenda llena de virus nuevos.
cuántas infecciones son normales
Un niño sano en guardería o en los primeros años de colegio puede tener entre seis y ocho infecciones respiratorias al año, y hasta diez o doce durante el primer invierno de escolarización. Concentradas de octubre a marzo, eso significa un proceso al mes o más. Con la tos residual de uno solapándose con el inicio del siguiente, la sensación es la de un niño que nunca está bien.
No está enfermo todo el tiempo. Está conociendo virus. Existen más de doscientos capaces de causar un catarro, y su sistema inmune tiene que encontrarse con ellos uno por uno para construir memoria. Ese trabajo se hace en la infancia porque es cuando toca hacerlo.
La buena noticia es que la curva baja sola. Hacia los seis o siete años, la mayoría de los niños han reducido mucho la frecuencia.
qué está pasando en realidad
Antes de pensar en un problema inmunitario, casi siempre hay una explicación más sencilla:
- Exposición nueva y masiva. Guardería, hermano mayor, cambio de colegio
- Edad. El sistema inmune de un niño de dos años no es el de uno de ocho
- Sueño insuficiente. Dormir poco reduce de forma medible la respuesta inmune
- Humo de tabaco en casa, aunque se fume en la ventana o en la terraza
- Alimentación pobre en densidad nutricional: mucho ultraprocesado, poca verdura, poco hierro, poco zinc
- Antibióticos repetidos, que alteran la microbiota que sostiene buena parte de la respuesta inmune
- Respiración bucal por vegetaciones o amígdalas grandes, que reseca la vía aérea y facilita la infección
- Déficits concretos, sobre todo de hierro y de vitamina D, frecuentes y fáciles de detectar
- Estrés familiar sostenido. Los niños lo acusan, y se nota
Existen criterios de alarma de posible inmunodeficiencia. No sirven para diagnosticar, pero sí para decidir que este niño necesita un estudio en vez de otro jarabe:
- Cuatro o más otitis en un año
- Dos o más sinusitis graves en un año
- Dos o más neumonías en un año
- Dos meses o más de antibiótico con poca o ninguna respuesta
- Infecciones que requieren antibiótico intravenoso para resolverse
- Abscesos profundos de piel u órganos, de repetición
- Muguet persistente en boca o piel después del año de vida
- Estancamiento del peso o de la talla
- Dos o más infecciones profundas, incluida una sepsis
- Antecedentes familiares de inmunodeficiencia primaria
Si reconocéis varias de estas, pedid valoración. No es lo habitual, pero existe y tiene tratamiento.
lo que sí ayuda
No hay ningún producto que «suba las defensas». Lo que hay es un conjunto de cosas aburridas que funcionan, y que actúan sobre el terreno en el que el sistema inmune trabaja.
Dormir lo que toca
Es la medida con mejor relación esfuerzo-resultado y la que más se descuida. Un niño de tres a cinco años necesita entre diez y trece horas contando siestas; entre los seis y los doce, de nueve a doce. Dormir de forma crónica por debajo de eso pasa factura.
Comer de verdad
Proteína suficiente, verdura y fruta variadas, grasas buenas, y menos ultraprocesado y menos azúcar añadido. El hierro y el zinc importan especialmente: su déficit se asocia a más infecciones y es frecuente en niños con dietas selectivas.
Cuidar la microbiota
Fibra, variedad vegetal, fermentados si los tolera, y no usar antibióticos cuando el cuadro es viral —que es la inmensa mayoría de las veces—. Cada tanda de antibiótico deja huella en la microbiota durante meses.
Aire libre y movimiento
Jugar fuera a diario, con frío también. El frío no causa catarros: los causan los virus, y estos circulan mejor en interiores mal ventilados. Ventilar las aulas y la casa hace más que cualquier jarabe.
Revisar el hierro y la vitamina D
Son dos déficits frecuentes, con síntomas inespecíficos y fácilmente corregibles. Pero se miden antes de suplementar: dar hierro a quien no lo necesita no es inocuo.
Vacunar
El calendario oficial y, cuando esté indicada, la vacuna de la gripe. Es la herramienta con más evidencia de todas las que aparecen en este artículo.
Si vuestro hijo tiene catarros seguidos pero crece bien, está contento, se recupera entre uno y otro y no cumple ninguno de los criterios de alarma, lo más probable es que no le pase nada. Está haciendo su trabajo.
preguntas frecuentes
¿Sacarlo de la guardería solucionaría el problema?
Retrasa el calendario, no lo evita. Los niños que empiezan más tarde suelen hacer esas infecciones en los primeros cursos de colegio. La decisión debe tomarse por otros motivos, no por este.
¿Sirven los jarabes que dicen reforzar las defensas?
La evidencia de la mayoría es escasa o inexistente. Antes de comprar nada conviene revisar sueño, alimentación, hierro y vitamina D, que es donde suele estar el margen real de mejora.
¿Los mocos verdes significan que hace falta antibiótico?
No. El color del moco cambia de forma natural a lo largo de un catarro viral por la presencia de ciertas células de defensa. No indica infección bacteriana por sí solo.