Microbiota

la microbiota
de tu hijo

En el intestino de tu hijo viven billones de bacterias que educan su sistema inmune, fabrican vitaminas y hablan con su cerebro. Se instalan en los primeros años y ese momento no se repite.

qué es y por qué importa tanto en la infancia

La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan el tubo digestivo. No son polizones: forman un ecosistema que fermenta la fibra que nosotros no digerimos, produce vitaminas del grupo B y vitamina K, mantiene la barrera intestinal y entrena al sistema inmune, que tiene ahí buena parte de su cuartel general.

En la infancia importa más que en ninguna otra etapa por una razón: se está construyendo. Lo que ocurre en los primeros años deja una huella que condiciona cómo responderá ese intestino durante mucho tiempo.

cómo se forma: los momentos que dejan marca

  • El parto. El paso por el canal del parto siembra el intestino del bebé con la microbiota materna. Tras una cesárea la colonización inicial es distinta, aunque se va compensando con el tiempo y con la lactancia
  • La lactancia. La leche materna contiene oligosacáridos que el bebé no puede digerir: están ahí para alimentar a sus bacterias, no a él
  • La alimentación complementaria. La entrada de fibra vegetal diversifica el ecosistema de golpe. Es el salto más grande
  • Los antibióticos. Necesarios cuando lo son, pero cada tanda reduce la diversidad durante meses. Los primeros años son los más sensibles
  • El entorno. Convivir con animales, jugar en tierra, tener hermanos y pasar tiempo al aire libre enriquecen la microbiota. Un exceso de desinfección, no

señales de que algo no va fino

No hay un síntoma exclusivo, pero sí un patrón que hace sospechar:

  • Estreñimiento o diarrea que se cronifican
  • Dolor abdominal recurrente sin causa clara
  • Gases e hinchazón constantes
  • Dermatitis atópica que no acaba de ceder
  • Infecciones de repetición
  • Muchas comidas que «le sientan mal» sin alergia demostrada

Nada de esto diagnostica una disbiosis por sí solo, y conviene desconfiar de quien lo haga. Pero sí justifica mirar con calma qué está comiendo ese niño y qué ha pasado con su intestino.

qué la cuida de verdad

Variedad vegetal, más que cantidad

Lo que mejor se correlaciona con una microbiota diversa es el número de plantas distintas que se comen a lo largo de la semana: verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas, cereales integrales. No hacen falta cantidades grandes; hace falta variedad. Cada tipo de fibra alimenta a bacterias diferentes.

Fibra fermentable

Legumbres, avena, plátano poco maduro, puerro, cebolla, ajo, espárragos, alcachofa. Son el alimento preferido de las bacterias que producen butirato, la sustancia que nutre a las células del colon.

Fermentados, si los tolera

Yogur natural sin azucarar, kéfir, chucrut. Se introducen poco a poco y en cantidades pequeñas.

Menos ultraprocesado y menos azúcar añadido

Los emulgentes y edulcorantes de muchos productos infantiles alteran la barrera intestinal. Y el azúcar desplaza: lo que ocupa el hueco del desayuno ya no lo ocupa otra cosa.

Antibióticos solo cuando hacen falta

Es probablemente la medida más protectora de todas. La mayoría de las infecciones respiratorias de la infancia son virales y no responden al antibiótico.

probióticos: ni milagro ni tontería

Aquí hay que ser preciso, porque el mercado no lo es. Los probióticos no son intercambiables. Sus efectos dependen de la cepa concreta, no del género ni de la especie: dos productos con «Lactobacillus» en la etiqueta pueden hacer cosas completamente distintas.

La evidencia es razonable en situaciones concretas —acortar una gastroenteritis aguda, prevenir la diarrea asociada a antibióticos, algunos cólicos del lactante— y mucho más floja en el resto. Para lo demás, el probiótico no compensa una dieta pobre: primero se arregla lo que entra por la boca cada día.

Si se usan, que sea con una cepa elegida para un objetivo, una dosis definida y un plazo. No de forma indefinida «por si acaso», y no sin que un profesional lo valore.

Lo que de verdad mueve la aguja
  • Treinta plantas distintas a la semana como objetivo doméstico, contando especias y frutos secos
  • Legumbre dos o tres veces por semana
  • Menos productos con lista larga de ingredientes
  • Jugar fuera, tocar tierra, convivir con animales
  • Antibiótico solo cuando está indicado

preguntas frecuentes

¿Sirven los test de microbiota que se venden por internet?

Dan una foto del momento y son difíciles de interpretar fuera de contexto clínico. Hoy por hoy rara vez cambian la conducta: lo que se recomienda tras el test suele ser lo mismo que se recomendaría sin él.

Mi hijo ha tomado varios antibióticos, ¿se recupera su microbiota?

Sí, la microbiota infantil tiene una gran capacidad de recuperación. El tiempo varía según la edad, el tipo de antibiótico y la alimentación posterior, y ahí es donde se puede ayudar.

¿El yogur de sabores cuenta como fermentado?

Poco. La cantidad de azúcar añadido de la mayoría de yogures infantiles pesa más que el beneficio del fermento. Mejor yogur natural, con fruta fresca si hace falta endulzar.

Dra. Mar Begara

Médica especialista en Pediatría, colegiada nº 28/41691. Dirige la Clínica Mar Begara, en Pozuelo de Alarcón, donde trabaja la pediatría y la medicina integrativa para toda la familia.

Pedir consulta →

Este artículo tiene finalidad divulgativa y no sustituye a una consulta médica. No tiene en cuenta la situación concreta de ningún niño. Ante cualquier síntoma que os preocupe, consultad con vuestro pediatra o acudid a urgencias. Aviso legal.

Seguir leyendo